Se cumplen 102 años de la semana trágica

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La Semana Trágica es el nombre con el que se conoce la represión y masacre sufrida por el movimiento obrero argentino, en la que fueron asesinadas cientos de personas en Buenos Aires, en la segunda semana de enero de 1919, bajo el gobierno radical de Hipólito Yrigoyen. La misma incluyó el único pogromo del que se tiene registro en América.

Diferentes historiadores, han sostenido que fue uno de los primeros actos de terrorismo de Estado cometidos por el gobierno radical presidido por Hipólito Yrigoyen, junto con los fusilamientos de miles de huelguistas en la Patagonia trágica de 1921 ocurridos también bajo su gobierno.

En enero de 1919, la huelga de los obreros metalúrgicos de los talleres Vasena, después de una feroz represión en la puerta de la fábrica de Nueva Pompeya, se transforma en una huelga general que conmueve a la Ciudad de Buenos Aires durante más de una semana, con elementos semiinsurreccionales, movilizaciones de masas, barricadas y enfrentamientos con las fuerzas represivas, y el despliegue de una gran espontaneidad, combatividad y solidaridad obrera y popular.

Del 7 al 14 de enero de 1919, en lo que hoy conocemos como Comuna 4 y comuna 3 en los barrios de Nueva Pompeya y San Cristóbal se produjeron estos hechos que fueron un hito en la lucha de clases en la Argentina, se desataron graves incidentes entre manifestantes obreros anarquistas y grupos de choque que respondían a las patronales enfrentadas además con el gobierno de Yrigoyen. En esta situación, los Trabajadores llevaron adelante ciertas medidas de fuerza para reclamar y luchar por mejores condiciones laborales, sin embargo, se desató una tragedia que se cobró la vida de cientos de obreros que se movilizaban por una causa justa. Esta fue la más sangrienta de las represiones que sufrió el sector de trabajadores en la historia argentina.

El conflicto se había originado con la toma de los Talleres Vasena, donde los trabajadores hacían expresos sus reclamos de mejoras en las condiciones laborales. En primera medida, el gobierno aceptó el planteo gremial pero la intransigencia del sector anarquista de la Federación Obrera Regional Argentina (FORA), sumada al accionar violento de rompehuelgas y de grupos nacionalistas, derivó en una escalada de violencia que dejó cerca de 700 muertos y miles de heridos.

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