Walter Vicente el artista de Matadores que dejó su sello en La Boca

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Se trata de la historia de Vicente Walter quien vivía en Mataderos, pero no contento con su barrio, partió hacia La Boca atraído por la bohemia característica de un barrio que representa el paisaje urbano de antaño. Allí conoció amigos que supieron contenerlo como persona y como artista. Walter llevó consigo la impronta de un artista emergente que estaba decidido a recuperar los valores del maestro Quinquela, mostrándolos desde su particular mirada.

Se enamoró de los puertos, se identificó con los marinos, los navegantes y las mujeres que vendían su mercadería, que trabajaban a orillas del río y que terminaron de encantar al artista que se encargó de eternizar en sus obras la identidad de un barrio que hoy lucha por el mantenimiento de sus grabados.

El muralista que esculpía relieves bajos en cemento a cambio de un plato de comida, dejó un legado artístico invaluable de más de 400 frisos que custodian los populares caminos que lindan con el Riachuelo.

La ciudad de Buenos Aires es dueña de una cantidad ingente de escenarios turísticos para quienes deciden caminar sus calles, múltiples muestras de una sociedad visiblemente forjada por un crisol cultural que dejó su huella y la mano de Vicente ha quedado reflejada.

El artista Omar Gasparini, expresó “Las obras de Walter eran maravillosas, eran de una técnica absolutamente singular, nunca vista”.

Ahora un grupo de vecinos y organizaciones trabaja para que sean reconocidos por la Legislatura de la Ciudad como Patrimonio Cultural para la preservación y señalización de las más de 400 obras que, si bien algunas están deterioradas por el paso del tiempo, todavía pueden ser recuperadas.

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