Exposiciones en el MBQM “La orilla opuesta”

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Hasta el 14 de julio se puede ver en la sala Sívori del Museo Benito Quinquela Martin del barrio de La Boca “La orilla opuesta”, exhibición audiovisual de Estanislao Florido.

Las proyecciones de la sala transitan los pliegues in between de la pintura y la animación digital, esos espacios fronterizos en los que convergen ambas expresiones y exprimen la atemporalidad del arte, siempre densa y viscosa, tendiente a navegar entre la actualidad y lo pretérito como un bucle en continua retroalimentación. De esta forma, el artista hilvana un universo boquense escondido, descosido y vuelto a remendar de la mano del contemporáneo videoarte y la clásica pintura.

El artista aborda la práctica artística valiéndose de la apropiación de obras emblemáticas y fotografías documentales del archivo del museo, sometidas a un proceso de desmaterialización (y consecuente recomposición) capaz de engrosar su registro temporal.

Concebir la historia del arte como disciplina anacrónica es aceptar el reto de ver una imagen y detenerse ante el tiempo, aceptar que esa imagen es portadora de memoria, y que supone un montaje de tiempos heterogéneos y discontinuos, a su vez interconectados.

Estanislao Florido se hace carne en este concepto y aborda la práctica artística valiéndose de la apropiación de obras emblemáticas y fotografías documentales del archivo del museo, sometidas a un proceso de desmaterialización (y consecuente recomposición) capaz de engrosar su registro temporal. Pero este procedimiento atraviesa una modalidad doble, que son los escenarios de la pintura y el video, donde el artista apela a herramientas tradicionales y tecnológicas respectivamente para fragmentar y reconstruir los vínculos entre ambos lenguajes.

Si caminar La Boca es sentir el peso del encuentro entre comunidades, las de ayer y las de hoy, alterar el punto de vista, y contemplar su paisaje cultural desde el agua misma, propone una experiencia territorial superadora. Florido se sumó a las recorridas por el Riachuelo organizadas por la gestora Andrea Cuesta Ferrarazo a bordo de embarcaciones provistas por la Dirección General de Limpieza, encontrando en la silueta del icónico Puente Transbordador un motivo para sus obras: son pinturas de cierto hálito metafísico surrealista, donde convive la geometría de su estructura arquitectónica con la organicidad del espejo de agua, compuesta por huidizos y delgadísimos filamentos.

Una paleta de color plomizo emerge del propio río y cubre el fondo de algunas escenas a modo de pantone de las aguas, aunque el artista admite acercarse a él de manera intuitiva y no científica.

Asimismo, las proyecciones de la sala transitan los pliegues in between de la pintura y la animación digital, esos espacios fronterizos en los que convergen ambas expresiones y exprimen la atemporalidad del arte, siempre densa y viscosa, tendiente a navegar entre la actualidad y lo pretérito como un bucle en continua retroalimentación. De esta forma, Florido hilvana un universo boquense escondido, descosido y vuelto a remendar de la mano del contemporáneo videoarte y la clásica pintura.
 

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