El humor en tiempos de cólera

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En tiempos inauditos de deconstrucción de toda estructura tradicional (o al menos el intento de hacerlo) surgen efectos colaterales del ascenso feminista. Más allá de la lucha por conquistar los derechos que le han sido negados a las mujeres desde los inicios de la civilización, comienzan a iluminarse los espacios y roles de los que hemos sido desplazadas, entre ellos, una categoría considerada como burda o banal pero que no tiene ni una pizca de esto: el humor. El humor, al igual que muchos otros aspectos, se ha contemplado como un rasgo masculino; la elocuencia, la rebeldía, lo cómico, lo irreverente, no podían depender del carácter femenino,  ni ser palabras evocadas por una mujer. Así es que, hablando desde los tiempos revolucionarios del siglo XXI, podemos decir que el feminismo no sólo ha alumbrado el camino para batallar por las problemáticas principales que se manifiestan bajo el sistema patriarcal, sino que propone senderos alternativos para que sean invadidos por féminas y disidencias. Esto me permite resolver las dubitativas actuales acerca del futuro de la comedia y el humor, las premisas correspondientes a frases como “ya no se puede bromear con esto” o incluso el debate nacional engendrado en su momento con el retorno de la obra de Casados con Hijos; el meollo de la cuestión no yace en no poder hacer chistes al respecto, sino en la pregunta ¿seguirá siendo gracioso en 5 o 10 años lo propuesto hace 15?. 

Debemos reflexionar sobre la existencia del humor como actor político, como crítico y reflejo de la misma sociedad que critica, como un sujeto más que evoluciona a medida que la historia transcurre, si las condiciones del contexto no son las mismas es imposible que la comedia no sienta la necesidad de transmutar para lograr el impacto característico de la misma. Aquí es donde el humor recae en manos de mujeres que decidieron no seguir el patrón, utilizándolo a su favor para alzar la voz y crear nuevas expectativas sobre lo impuesto, vienen a demostrar que una mujer puede ser graciosa, espontánea, ácida, satírica e inteligente. Desde la época en que la creadora de Sex and The City, Candace Bushnell, logró llevar su obra a la gran pantalla, en la actualidad por un manotazo de ahogado, las grandes industrias como Netflix y Amazon ”milagrosamente” han financiado proyectos para figuras excepcionales como Phoebe Waller-Bridge (Crashing, Killing Eve) con su brillante producción de Fleabag (2016) que destruye la cuarta pared o Hannah Gadsby y sus dos exitosos monólogos de stand-up, en los cuales relata abiertamente las vicisitudes de ser lesbiana en un pueblo conservador de Tasmania mientras parodia los estereotipos de género y los privilegios de ser un varón cis heterosexual; o podemos hablar también de El País en España publicando las elocuentes viñetas de Flavita Banana, entre otras tantas caricaturistas. La mujer como humorista genera incomodidad, lo cual no es nada nuevo dentro del quiebre cultural que se viene gestando en los últimos años, haber llegado a estas posiciones fue producto de sangre, sudor y lágrimas en un mundo conscientemente machista, es de saber popular que el techo de cristal en realidad es más sólido de lo que parece, sin embargo, considero que ha traído aires frescos y renovados a modo de ejemplo de lo que le depara a la importante tarea de causar gracia, ante todo, porque resulta un espejo para reírnos de nosotros mismos. 

 

3 Comentarios
  1. Tato dice

    Excelente

  2. Ma del Carmen Corrales dice

    Maravilloso comentario felicitaciones

  3. María Laura Volturo dice

    Muy bueno!!!

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